miércoles, 11 de junio de 2008

Cerocientocientocincuentaysietehachesiete

Pocas veces suceden tantas cosas en un solo día, pocas cosas suceden tantas veces en un solo día. Y desperté como suelo despertar, con la cara gacha viendo el suelo y trasladándome al colegio mientras escucho musiquita de diferentes géneros y leyendo a poetas que suelen golpear y golpear hasta sentir que sus nudillos están escribiendo un poema que habla de la suave caricia que quiero hacerte por en medio de tu espalda. En el trayecto suceden cosas graciosas insospechables como la aparición de un muñeco vudú en medio del desierto, ya mi mente navegaba en los soliloquios de la tarde, cosas maravillosas sucederían, o probablemente porque pensaba en el horario que sales de trabajar, pensé a que hora tenía que hacerte la llamada y no quería imaginar que te encontraría cansada. Mala suerte dije, porque el lugar de reunión cambiaría de curso a lo largo de la tarde, y tentado como todas las tardes a dejar derramarse el tiempo en las palabras de mi amigo que penetran en mi oído como suaves cuchillos dispuestos a liberar, libre, ese día te quería libre para que fuéramos libres los dos, qué emoción, tus ojos, tu naríz, tu boca, tu voz, qué importaba quién nos acompañaría, estaríamos los dos. Y comenzaron las clases, estaba ansioso por comerme el día a grandes bocados para que caída la tarde a pequeños sorbos nos acabáramos la noche. En la clase de microbiología vimos al Vibrio y la Escherichia y pensé, dios mío nadie se salva de los pequeñines, porque mi amigo Josué acababa de tener un hijo y me parecía tierno traer unas de esas pequeñas criaturillas que vienen a cagarse sobre el mundo y lo siguen haciendo toda su vida, un hijito que cosa más tierna, la experiencia más cercana al estado de la divinidad diferencial. En laboratorio platiqué con Moisés acerca de las imágenes perturbadoras de la mente por causa de las guerras luchadas allá fuera de nuestros sentidos espaciales del universo. Nos regresamos en el transporte y acordé con Rode que nos quedaríamos dormidos, no soñé, pero en un estado de vigilia absoluta pude imaginar la leyenda completa de Gregorry Packery que es un cerdito que se viste de mono y se la pasa viajando desde Colorado hasta Paraguay buscando que hacer los fines de semana y manda ordenes para…vigilia. El camino fue largo y acortado por el aletargamiento de nuestros músculos, Rode reclamó que tenía que esperar mucho tiempo a sus padres en el Toks para comer, pensé pobre de ella que no fuma, treinta minutos son dos cigarros y veinte minutos menos de vida, veinte minutos menos de espera, catalizador del tiempo presente y del tiempo futuro sin desordenar , yo no sé como es que puede existir gente que no fuma, la desesperación mientras esperan lo que sea se vuelva más y más desesperante…le dije que no se preocupara por esperar, que podría acompañarme para comprar algo para el bebé de Josué (ella no lo conoce) y dijo que era una buena idea, tenía mucho tiempo que no entraba a una tienda de esas enormes en las que uno siente que se te va a caer el estante sobre tu cabeza o los colores de las comidas te van explotar en la cara. Estuvimos la mayor parte del tiempo en la sección de bebés, a ella le pareció muy tierno eso de estar viendo cosas chiquititas que huelen como a talco y agarraba los mamelucos y se imginaba cargando a su bebé y me decía este es muy bonito, en ese momento sentí que estaba comprando ropa para bebé, era la primera vez en mi vida que me enfrentaba con una decisión absurda que complicaba mi estilo de vida, un túnel de un futuro incierto pero probable se vislumbró allá a lo lejos como una ráfaga de viento que nadie sintió. Compré un gorrito con sus zapatitos y guantecitos del mismo color, la anciana que trabaja de cerilla dijo que eran muy bonitos, tarde en darle un peso, no encontraba el cambio en la bolsa de mis pantalones. Salimos y me despedí de Rode, sus padres llegaban y los evité porque son cristianos y si Rode les ha llegado a contar cosas sobre mí solo se les ocurriría desplazarme a su auténtico mundo del suplicio extraordinario, me gustaría escribir un cuento acerca de Rode porque no nos parecemos absolutamente en nada, explícitamente nos decimos lo que nos desagrada uno del otro y nos contamos todo el tiempo de lo que en esos días estamos pasando, compartimos nuestras experiencias sentimentales esperando que el otro de alguna recomendación que seguramente será rechazada pero al final de cuentas es una muestra de cariño porque de otra forma existiría una indiferencia, y ella no tendría un amigo, ni yo una amiga. Es curioso, haber llegado a casa de Benjamín y encontrar a José Luis tirado sobre una silla de plástico, preguntó por mí y enseguida por ti, y luego por el como te había ido en el concierto de Soda Estereo, le dije que no sabía y que suponía que seguramente habías explotado como un cohete amarillo, nos quedamos callados, el tenía una enorme cara de flojera y a mí el sol me pegaba en cara obligándome a quitarme los anteojos y buscar algo que hacer y de qué platicar. Había un periódico en la mesa y leímos el artículo sobre el concierto de Soda, discutimos sobre si eran buenos o no, escuchamos canciones y dijimos que sí, le dije que lo sentía mucho no haberme vuelto fanático de una banda tan buena a tiempo, era ya muy tarde, pero después de haberme convencido de lo bueno que eran los argentinos dijo que el como fanático de ellos consideraba completamente absurdo ir a verlos porque nunca le han gustado las bandas que demuestran conflictos entre ellos cuando andan promoviendo sentimientos antagónicos, contó que el tal Gustavo es un ególatra que se acomodaba unos buenos madrazotes con sus compañeros de la banda, prefería comprar hartos discos originales y disfrutar la buena música hecha por un pésimo trío, según él, yo no tengo nada que decir no tengo argumentos para opinar. Nos volvimos a quedar callados, entonces en ese momento se me metió una hormiga loca en el cerebro y le dije con mis ojos desorbitados a Luis que necesitábamos rápidamente de cerveza para aligerar la plática, le pareció una buena idea, Benjamín dijo que con cuidado porque a su mamá le desagradan esas actitudes humanas. Fuimos por un par de caguamas a una tiendita y Benja nos abrió la puerta, pero después nos dijo que solo podíamos tomar en un lugar donde su madre no nos vería, fue así como terminamos bebiendo nuestra cerveza al lado de un cerdo que destazaba Benja y todas las moscas volando sobre el animal. Siguió hablando sobre su apartamiento de su chica y hablamos de poesía y de Salvador Elizondo mientras veíamos a Benja insertando el afilado machete en las articulaciones del cerdo que tenía el hocico abierto y los ojos cerrados, se cortó un dedo y a Luis le dio asco ver la sangre de Benja escurriendo en las costillas del animal, Benja dijo ni una más, porque el robaba tragos de mi cerveza. Después nos llevó a su cuarto donde estaríamos escuchando a los Smashing Pumpkins, y a Soda Estereo mientras llegaban los demás, seguimos hablando sobre el nuevo número de la invación mental, de los poetas beats y sobre la experiencia tan extraña que había sido para nosotros haber bebido al lado de un cerdo tasajeado. Llegaron tres amigos y tres amigas más y comenzaron a hablar todos al mismo tiempo, qué cuánto tiempo sin vernos, que dos años y medio y que donde estaban algunos y que otros se querían morir y que éramos todos los que estábamos dispuestos a visitar a Josué, en el estereo sonaban The strokes y San Pascualito Rey a todo volumen. Salimos de casa de Benja y Luis y yo nos adelantamos a entregar los envases, corrimos, volteé la mirada para ver a Benja y qué carajos “Miriam” dije como asustado, estaba ahí la tipa atrás de mí y se había aparecido como un rayo, “hola chicos” dijo, la saludamos y la invitamos a ir a visitar a Josué, dijo que no podía que iría a ver a su marido para ir a otra fiesta, nos despedimos y fuimos rápido al encuentro del grupo origen. Fuimos a parar taxis, pensé en lo lejos que andaríamos y rápidamente comencé a hablarte una y otra vez para encontrar un pretexto para estar contigo lo más pronto posible. Luis se desesperó de ver como intentaba hablarte y trató de arrebatarme el teléfono, le dije que solo me diera permiso de enviarte un último mensaje, dejó que lo hiciera y ¿guardé? el teléfono, seguimos platicando de los lugares en los que la gente acostumbra vivir, poco después Luis vio mi triste cara que quería irse contigo, me dijo que me despreocupara, que total tu no me querías y que no me quedaba otra mas que pasarla bien con mis amigos, le dije que estaba loco pero me quedé callado y seguimos fumando mientras pasamos zumbando en las afueras de Metepec. Recién llegados al pueblito misterioso, decidimos hablar a las amigas que venían en el siguiente taxi, busqué mi teléfono y no estaba, y nadie lo tenía y lo había perdido, eso me dio mucho coraje conmigo mismo, porque probablemente a esa hora ya me estaría marcando y no ibas a poder localizarme, pero Luis como siempre me recordaba la fragilidad del mundo y nos pusimos a admirar a Ian (curtis) Josué Camacho García, un pequeño bebé nacido el 9 de noviembre por cesarea (tinajero) de dos kilos y medio y 45 centímetros de estatura, un bebé durmiente en el lecho de una maternidad calientita, entregamos los regalos y abrazamos a los padres y muchas felicidades…y salimos a comprar comida y más alcohol. Ya muy oscuro y todavía temprano (7:00 pm) cenábamos pollo y carnitas con pan bimbo y tortillas y refresco. Comenzamos a tomar Miguel, Luis y yo, antes que nos acabáramos las provisiones adictivas, notamos un silencio grupal, así se me ocurrió contar mis experiencias más sobresalientes desde la última vez que los había visto y después Luis habló de otras cosas y yo comentaba lo que decía, platicamos él y yo como por media hora enfrente de todos. Eso fue muy raro, éramos Luis y Yo platicando enfrente de 9 personas que reían de nuestras ocurrencias e interrupciones mutuas, no tenían intención de detener la plática ni desviarla de curso y todos callaban para escuchar con atención el próximo chiste, la próxima historia con la que iban a carcajearse, contamos de nuevo nuestra experiencia mutua de comer al lado de un cerdo tasajeado. Nos despedimos a las ocho y nos fuimos todos fumando y bebiendo en el interior de un autobús, ¿cómo fuimos capaces de hacer tal cosa? Creo que estábamos extasiados, nos sentimos dueños del mundo y embriagados del puro calor humano perdido por el tiempo.

Luis bajó pronto del camión, Miguel y yo nos bajamos juntos en Jesús Carranza e hicimos algunos desfiguros, congeniamos que compraríamos un poco de más alcohol y nos iríamos a dormir temprano, le dije que quería ir a su casa. Su casa tiene una vista hermosa, vive en un terreno peligroso que se deshace con la lluvia, todo el valle de Toluca se la pasa ardiendo en sus pies durante toda la noche. Platicamos sobre Rata Blanca y sobre lo absurdo que es planear un futuro para nuestras vidas, solo existen objetivos, no caminos planeados, me pareció muy agradable estar con él. Salí de su casa a las 11, un radio taxi vino por mí, platiqué con el taxista y me pareció agradable lo que dijo acerca de los amigos, me cobró 30$, pagué y entré a casa. Aventé insultos al aire por mi teléfono. Aventé mil insultos más por mi cartera que acababa de dejar en el taxi.

Me pregunto que significó ese día para mí, algo trató de decirme alguien con eso.

Te vi en la llegada de la noche para cerrar mis párpados, creí que si te hubiera buscado el día hubiera cambiado radicalmente. Creí muchas cosas y soñé pesadillas. Amanecí muy cansado y todo el día he estado buscando mi cartera con las telefonistas de los radio taxis, dicen que es lábil recuperar la cartera si esta la encontró el chofer.

Ya no me interesa encontrar la cartera ni el celular, solo quiero encontrarte a ti.

Me preocupa un poco recuperar mi dinero porque tenía el objetivo de llevarte de vacaciones conmigo y olvidarme de todo mientras acaricio tu cabello y beso tus labios que extraño y que me hieren más cuando no están aquí.